Como cada año, el voluntariado de nuestro colegio, emprendió su tradicional viaje a
Ascochinga, un lugar lleno de calidez donde las familias del pueblo de «La Pampa» reciben a
los voluntarios con los brazos abiertos y el corazón listo para compartir historias que acercan y
construyen comunidad.
Para los representantes de nuestra institución, la misión no es sólo un destino, sino un refugio
que les permite ser auténticos y crecer como personas al acompañar a otros. Participar de las
actividades, jugar con los niños y compartir momentos con jóvenes que viven el mismo
carisma, transforma ésta vivencia en una experiencia única y profundamente significativa.
Al comenzar cada misión, cada misionero llega con su propia historia, sus expectativas, miedos
y preguntas. Sin embargo, la convivencia, el servicio y el encuentro mutuo, los devuelven
distintos a sus hogares
«Una misión no se trata solamente de lo que nosotros dejamos en los demás, sino también, de
todo lo que los demás dejan en nosotros. A veces creemos que vamos a misionar para llevar
algo, ayudar, enseñar o acompañar; y terminamos descubriendo que, somos nosotros quienes
volvemos con el corazón lleno de aprendizajes, nombres, abrazos y momentos que nos
transforman.»
Cada gesto de amor, cada palabra y cada encuentro dejan marcas imborrables. La invitación
para nuestra comunidad tras esta misión es llevar esas huellas a la vida cotidiana, a nuestros
hogares, vínculos y espacios habituales, recordando que la misión continúa cada vez que,
elegimos amar, servir y salir al encuentro del otro.
La vivencia de este año dejó profundas reflexiones en los voluntarios.Compartimos algunos
testimonios:
Un hogar para los nuevos integrantes:
«Fue una misión estupenda y estoy muy orgullosa del grupo que se formó con la llegada de
muchos voluntarios nuevos. Al inicio me daba duda saber cómo iba a funcionar al haber tantas
caras nuevas, pero superó mis expectativas. Me encantó cómo nos unimos unos con otros; me
hace sentir como si se hubiera formado una segunda familia, un hogar.»
Escuchar el llamado del pueblo:
«Reflexioné sobre las risas, las charlas y las historias de la gente del pueblo. Me resonaron
muchos mensajes como: ‘nunca se olviden del pueblo’ o ‘estamos muy solos».
Son señales importantes:
“Ellos nos necesitan y esperan cada año con muchas ansias. Espero que este grupo siga
dejando huellas en cada hogar que nos abre sus puertas con cariño.»
Caminar en comunidad de fe:
«Fue una misión hermosa por todo lo compartido con la gente del pueblo y con el grupo.
Resonó mucho esto de que fue una ‘misión diferente’, lo que habla de un proceso de madurez
en cada uno. Somos una comunidad donde nos diferencian edades o experiencias, pero nadie
es más ni menos que nadie. Nos queda el camino de contagiar esta linda experiencia en el
colegio y seguir adelante.»
Sentirse parte y orgullosa del grupo:
«Quiero agradecerles a todos por esta misión. Fue una experiencia maravillosa, va a quedar
grabada en mi corazón por siempre. Hermoso lo vivido con el pueblo, hermoso lo compartido
con cada uno de ustedes; me hicieron sentir una más y, como ya dije, estoy orgullosa de los
voluntarios del Santísimo.»
«¡Qué increíbles son estas misiones y qué alegría inmensa vivirlas junto a ustedes!
Gracias por seguir construyendo juntos, este gran camino con pisadas cada vez más firmes.
Fue una experiencia maravillosa que va a quedar grabada en mi corazón por siempre. ¡Gracias
por este inmenso trabajo en equipo!».
Gracias a todos los que colaboran año tras año para que los alumnos, exalumnos y profesores,
puedan salir a misionar.



















