Históricamente siempre, en el mes de agosto, vivimos un momento muy especial. A pesar de que cada año la crisis se hace más notoria, pero no solamente la crisis financiera, sino también aquella que tiene vinculación directa con los valores sociales, nosotros apostamos a la unión fraterna. Como colegio nos interpela cómo algunos de estos valores se van diluyendo, es por ello que desde la propuesta educativa general convocamos a este evento, que año a año, no sólo reivindica ese vínculo entre la familia y la escuela, sino también que es una gran demostración de solidaridad y entrega.
Pero esto no es sólo la idea de una institución escolar, como escuela y familia, hemos conformado un gran equipo de trabajo que, año tras año, emprende una cruzada sin dejarse abatir por las dificultades del momento. Y allí estuvimos una vez más, para hacerlo posible, con todo el empuje y la energía que merece nuestro querido colegio.
Las familias colaboradoras, personal escolar y estudiantes, aunados por un proyecto común: el sueño de Elmina. Destacar las manos de los más experimentados y también las nuevas familias que se suman para seguir construyendo comunidad, contagiaron una gran energía que hicieron de este encuentro una gran fiesta.
Entendemos que, es casi imposible pensar que una obra como la nuestra pueda sostenerse, sin las diversas acciones que se llevan a cabo. Los esfuerzos son muchos y todo ayuda… y “este tradicional arroz” es todo lo que venimos expresando en este artículo: es encuentro, solidaridad, unión, alegría, convocatoria, ayuda, fraternidad, familia… Y el motor está en esos padres y madres que se convocan cada año, para vivir esta hermosa experiencia mancomunadamente.
Este renovado conjunto de personas vinculadas por el trabajo colaborativo, está conformado por familias de los diferentes niveles educativos, docentes, directivos y Equipo de Gestión Integral, que continúan demostrando su adhesión a nuestra institución y a su proyecto educativo.
Este hermoso grupo humano, no sólo trabaja en las diferentes propuestas, sino que moviliza, difunde y acompaña desde la empatía, la buena energía y el compromiso con nuestro colegio.
El arroz de Santo Domingo y otras acciones importantes no sólo se llevan a cabo para recaudar fondos, sino que también hacen a la esencia de nuestra historia dominicana, nos distingue de otros, nos enraíza en los valores de nuestro mayor legado y por sobre todas las cosas, nos une como comunidad fraterna.
Porque el arroz, es “más que un evento” ya que es una acción distintiva de nuestra idiosincrasia como comunidad educativa.
Hoy nos llena de orgullo poder anunciar todas las obras que llevamos adelante gracias a éstas y otras acciones y así generar un bello, confortable y digno espacio para nuestros estudiantes.
Es por ello que, deseamos dedicarles estas palabras que, expresan un agradecimiento muy profundo a toda nuestra comunidad educativa, que dejándose impregnar por el espíritu, una vez más, hizo la diferencia.
Que nuestro Padre Santo Domingo siempre nos siga convocando, para hacer posible una propuesta de sentido y con sentido, enmarcada en los valores del carisma dominicano.
Prof. Noemí Castiglione.














